Llevo más de seis años construyendo productos digitales. Hoy los resuelvo con agentes de IA, y yo decido el rumbo.
Hoy casi nada lo resuelvo solo. Trabajo con agentes de IA como con un equipo: cada uno recibe una tarea pequeña, un alcance claro y un criterio para saber cuándo terminó.
Todo empieza por entender el problema y escribir qué se espera, con criterios que se puedan comprobar. Esa especificación es la fuente de verdad: los agentes la leen y yo la defiendo.
Después divido el trabajo en piezas independientes y las reparto. Nada se da por bueno hasta que se prueba, y una revisión aparte contrasta el resultado con lo que se pidió.
Las decisiones de fondo son mías, y las entregas son pequeñas y fáciles de revisar, cada una con su porqué. Lo que se aprende queda guardado para la próxima vez. Lo oriento a código que otra persona pueda mantener sin sufrir.